la semana pasada recordábamos (y festejábamos) varios pasajes de aquel artículo de Jaime Bedoya publicado en 1990 en Caretas: Leonidas Diputado.
Es fascinante cómo Jaime Bedoya construye una telaraña perfecta y simplemente espera. Y Leonidas llega tranquilo cual pequeño insecto volador y cae en el centro exacto de la telaraña.
Bedoya se acerca y le inyecta un poco de veneno, y poco a poco lo va enredando más. Y se podría decir que todo esto lo hace sin una pizca de saña, sino más bien con cariño (si es que cabe esta palabra).
No usa el hacha de guerra ni el mangual, sino el bisturí y el punzón largo.
Es un trabajo delicado en el que, diciendo muy poco, y nunca explícitamente, Bedoya revela muchísimo acerca nuestros personajes y nuestra sociedad. La ignorancia, la pseudo cultura, los lugares comunes, los malapropismos convertidos en clichés, la huachafería y, por debajo de todo, esa enorme pero súper enorme distancia que existe entre los diferentes grupos sociales en el Perú.
en aparente estado de ebriedad
El sábado a las 9:30pm aproximadamente, después de que madre e hijos cayeran dormidos en el cuarto de un hotel, buscamos en internet la antología de Jaime Bedoya, En Aparente Estado De Ebriedad.
La encontramos solamente en hardcopy y solamente disponible en el Perú. Ya nos habíamos topado en este problemilla en el pasado, pero esta vez no nos dimos por vencidos y recurrimos a recursos más venales:
Búsqueda en Google: en aparente estado de ebriedad jaime bedoya pdf gratis
Y como por arte de magia, en cuestión de segundos teníamos el libro descargado y abierto en Apple Books.
La primera sección se titula Encuentros con hombres notables (quizá en homenaje a Meetings with Remarkable Men, de Gurdjieff), y el primer artículo Los New Kids de Zárate.
Vamos a declarar Los New Kids de Zárate patrimonio nacional y publicarlo en su totalidad libremente aquí (Jaime, no te molestes, es un artículo suelto, no el libro completo). Aquí el párrafo inicial:
“¿Zarati? ¿Where the fuck is that?”, se preguntó a sí mismo Brian Mercey, gerente ejecutivo de una casa discográfica norteamericana, al fijarse en el remitente de la breve carta redactada en pésimo inglés que tenía en la mano. La respuesta la encontró en la nota añadida por la eficiente Nancy, su secretaria pelirroja: (Zarate, Lima, Peru, South America). ¿Perú? Mercey recordaba haber probado alguna vez cocaína.
sólo para peruanos
Vamos leyendo ya una docena de artículos de la antología y es evidente que uno tiene que ser peruano para entender o para sentir las crónicas de Bedoya. Y no cualquier peruano. Alguien que nació y creció en el Perú, y que observó y comparó, y quizás que viajó (algo), y que sufrió.
Porque en ese Perú de los años 80 y 90, todos sufrimos. Algunos poco, otros mucho. Todos en algún momento de nuestras vidas utilizamos el pollo a la brasa como el referente universal del valor de las cosas.
“A los cien dólares que ganaron en la televisión hubieron de serle descontados los impuestos, resultando quince dólares por cabeza. Esto equivale aproximadamente a 3.3 pollos a la brasa…” (Los New Kids de Zárate)
Nos preguntamos seriamente si existe el equivalente de Jaime Bedoya aquí en los Estados Unidos, pero por definición no lo sabremos ni lo entenderemos ni sentiremos.
Así que a leer, apreciar lo bueno, y seguir circulando nomás.